Cómo empezó

Este viaje, el sueño de hacerlo y el empezar a imaginar que lo haríamos en autostop, empezó entre Rumanía y Bulgaria, durante el viaje de primavera que, empezó siendo en una moto que alquilamos allí muy barata y que, por cierto, acabó siendo un desastre de moto que tuvimos que devolver con muchos problemas. Y ahí decidimos continuar el viaje sin apenas ropa en autostop, por negarnos a abandonar la posibilidad de conocer esa parte del mundo por un simple vehículo. Nunca antes lo habíamos utilizado, ni Gosia ni yo, pero abandonar un viaje no es una posibilidad.

Así pues, al volver a Bilbao buscamos los vuelos más baratos a las zonas de Europa y alrededores que nunca antes hubieramos estado para, desde ahí (donde fuese), hacer una ruta en autostop de un mes o mes y medio hasta Polonia, donde pararíamos a ver a su familia unos días.

Esos vuelos baratos fueron a Creta, desde donde tendríamos que coger un ferry a Atenas para poder empezar a hacer autostop por el continente… Así empezó lo que sería un viaje en Tripi, pues entenderse con la gente en los Balcanes en algún idioma que no sea el suyo o el alemán que, ni ella ni yo hablamos, es una odisea.